Cada vez que termino un libro me resulta difícil pensar en cómo
eran las cosas antes de haberlo leído, es que muchas veces uno se conecta tanto
con el libro que termina desconectándose de la misma realidad, y perdiéndose en
un mar de palabras que buscan salir a flote y no ahogarse en el olvido. A veces
simplemente es imposible no perderse a uno mismo y no convertirse en algo más que
en un simple espectador, que observa cómo se desenvuelven los hechos sin poder
intervenir, dando cuenta de como los personajes cambian al igual que lo hacen
las circunstancias y al final cuando nuevamente se es dueño de uno mismo descubrir
que hemos cambiado en esas páginas igual que lo han hecho sus protagonistas.
Y es que es difícil no sentir cierto desasosiego cuando uno
lo termina, por un lado está la satisfacción de por fin haber llegado al final,
de haber resuelto el misterio, de saber cómo termina todo y poder conocer aquella
verdad que creemos adivinar pero que nos decepciona un poco si estamos en lo
cierto, porque en el fondo queremos que el autor nos engañe.
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